La Cultura de Centro

La cultura de centro surge de la interacción de los miembros de la comunidad educativa. 

Existen distintos modelos de centro que van desde el que se caracteriza por una cultura individualista en la que los miembros respetan la jerarquía, conocen sus funciones y las cumplen pero se relacionan minimamente con el resto de los miembros de la comunidad educativa y toman decisiones de forma aislada desde su propia reflexión e información; pasando por la cultura pseudocolaborativa, en la que se crean situaciones o entornos de colaboración como por ejemplo, los departamentos didácticos, en los que se ensaya un cierto intercambio de información, se intenta una reflexión y una toma de decisiones comunes entre los miembros que se reconocen pertenecientes a ese departamento pero distintos al resto de los miembros de la comunidad educativa; para finalmente llegar a la cultura colaborativa, en la que todos los miembros se reconocen como iguales y pertenecientes a la comunidad, comparten inquietudes, problemas, información, sentimientos... afrontan las dificultades y toman decisiones de forma reflexiva y compartida partiendo no sólo de sus propia reflexión e información sino de la escucha atenta y activa al resto de los miembros. 

No obstante, estos modelos son simplificaciones de la realidad y, en un centro educativo, se dan situaciones más complejas e intermedias entre los modelos anteriormente expuestos. 

El modelo colaborativo entre docentes y equipo directivo, sin embargo, no es el modelo final de escuela del siglo XXI. Un centro modelo de verdadera colaboración sería aquel que facilitase y permitiese espacios de encuentro y comunicación entre todos los miembros de la comunidad educativa (equipo directivo, docentes, personal auxiliar, personal laboral y administrativo, alumnos y familias). 

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