¿Por qué es necesario pensar sobre lo que enseñamos en las aulas?

Antes de pensar sobre qué enseñamos en las aulas me parece necesaria una reflexión previa sobre "para qué" enseñamos. 

¿Enseñamos para que los alumnos sepan "cosas"?
¿Enseñamos para que los alumnos aprueben?
¿Enseñamos para que los alumnos tengan un sitio dónde estar mientras sus padres trabajan?

Y, la respuesta, que debería ser evidente, a veces no lo es. Enseñamos para que los alumnos aprendan. Aprendan a entender, aprendan a encontrar, aprendan a buscar, aprendan a pensar, aprendan a reflexionar, aprendan a elegir y aprendan a alcanzar el máximo de su potencial. En definitiva, que aprendan para vivir.

Si el objetivo es proyectar el aprendizaje en la vida de los alumnos, tendremos que plantearnos cómo va a ser esa vida y qué cosas necesitarán saber y saber hacer para que ese futuro sea todo lo satisfactorio que les deseamos.

Esta reflexión inicial es la que hace fundamental la pregunta sobre "qué enseñamos". Hemos de descubrir qué necesitarán, qué les hará falta, qué necesitaran poder comprender, saber hacer, resolver...

Si pensamos en cómo ha cambiado el mundo en los últimos 40 años y comparamos las herramientas con las que contábamos, el modo de acceder a la información, los sistemas de comunicación, de relación, las estructuras sociales...sería difícil pensar que aquellos niños iban a poder adaptarse a un nuevo modelo marcado por la globalización, las tecnologías de la información, las redes sociales, etc. Y, aún así, hemos sido capaces de adaptarnos, aprender, mejorar y disfrutar con las posibilidades de este nuevo mundo. Lo cual parece poner en evidencia que aunque nos enseñaron con "sistemas tradicionales" algo debimos aprender que nos permitió adaptarnos, cambiar, y además, hacerlo bien.

La realidad es que este mundo vertiginosamente cambiante que se inició en nuestra infancia no para de expandirse y crecer y lo hace cada vez a una velocidad mayor. El límite de este mundo es "el infinito y más allá". Y, si los "sistemas tradicionales" han tenido su efecto positivo y válido, se  ha evidenciado también que nuevos conocimientos pero sobre todo nuevas destrezas, estructuras mentales y actitudes ante los retos desconocidos son necesarias.

Por tanto, resulta vital reflexionar sobre qué enseñamos y, aún más, sobre cómo lo que enseñamos puede contribuir a dotar a nuestros alumnos de los conocimientos, las destrezas, las estructuras mentales, la creatividad y la iniciativa para el mundo en el que van a vivir. 

En el caso de la asignatura de Historia, que por ser la mía es la que más conozco, hace décadas que se ha superado el aprendizaje puramente memorístico de acontecimientos históricos, personajes y fechas. Conocer esos datos puede ser útil si uno se presenta a un concurso de televisión.

El verdadero objetivo de la asignatura de Historia es guiar al alumno para que aprenda a investigar, encontrar información veraz y contrastada, analizarla, aplicarla y reformularla. Es necesario que el alumno entienda la conexión entre causas y consecuencias y que entienda los procesos históricos y los agentes que intervienen en ellos. Porque, de ese modo, le será más sencillo reconocer patrones históricos que se repiten, herencias positivas y negativas de esos procesos en el mundo actual que debe contribuir a mantener o esforzarse por cambiar. La comprensión de los procesos históricos le permitirá prever consecuencias ante determinadas manipulaciones ideológicas, políticas o religiosas.

El objetivo final no es que el alumnos sepa mucha Historia sino que la comprenda para ejercer su rol de ciudadano activo, al que es difícil manipular, que sabe por qué toma determinadas decisiones, que se siente partícipe de una estructura social y protagonista del devenir de ésta.

El objetivo último es el desarrollo del pensamiento abstracto y crítico y la capacidad de analizar y comprender la realidad social y el contexto para tomar decisiones informadas y acertadas.



Para lograr estos objetivos es necesario que el alumno no sólo aprenda Historia sino que también la trabaje. Que extraiga información de fuentes históricas, que ejerza el trabajo del historiador, que reflexione sobre la información que aparece en las fuentes y analice las consecuencias de los hechos históricos a corto, a medio y a largo plazo.


Lamentablemente, el curriculum que actualmente tenemos en la asignatura dificulta enormemente permitir al alumno "ejercer el trabajo de historiador". El curriculum es enorme, trata todos los periodos históricos y lo hace con mucho detalle. Los exámenes externos más centrados en contenidos que en competencias, destrezas o procedimientos tampoco ayudan.

De ahí, que sea esencial enfocar la enseñanza de esos contenidos con la vista puesta en el futuro, seleccionando las cuestiones esenciales para lograr la comprensión de los acontecimientos y los cambios por parte del alumno, y diseñando actividades que sitúen al estudiante en el centro para dotarle de las destrezas relacionadas con la búsqueda, selección, análisis, comprensión y reformulación de la información.


Y, pese a las dificultades, contamos también con buenos aliados. Sobre todo con las tecnologías de la información y la comunicación que facilitan el trabajo, el acceso a los datos y la recreación de los mismos. Los entornos virtuales, cada vez más comunes, nos permiten visitar museos, retroceder a otras épocas históricas, viajar en el tiempo... Dándonos más tiempo para que centremos la actividad del alumno en la comprensión y en la interpretación de situaciones actuales a la luz de procesos históricos.

El mundo vertiginosamente cambiante que nos rodea está lleno de retos pero también de posibilidades, si el alumno obtiene los conocimientos, competencias y destrezas necesarios, pierde el miedo a aplicarlos con creatividad, se muestra flexible para explorar caminos y reconducirse si los caminos llevan callejones sin salida. Si, además, se siente parte de una sociedad compleja, integrante consciente cuyas decisiones pueden marcar la diferencia del devenir histórico...nuestra misión, al menos en parte, estará cumplida y podremos decir que hemos elegido bien no sólo lo que enseñamos sino también cómo lo enseñamos.


Comentarios

  1. Coincido contigo en que no todo lo enseñado en el pasado es inútil, al menos nos ha servido a algunos del presente a adaptarnos y continuar.

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